martes, 7 de mayo de 2013

¿Devaluar o no devaluar?


¿Qué hacer con el tipo de cambio?

POR FEDERICO STURZENEGGER PRESIDENTE DEL BANCO CIUDAD


Clarín


La semana pasada, mis declaraciones sobre que la economía sufre las consecuencias de un fuerte atraso cambiario y que el Gobierno se va a ver obligado a devaluar, dieron origen a un torbellino de declaraciones y acusaciones. Es que nos hemos desacostumbrado a confrontar los problemas. Tiramos las cosas bajo la alfombra, hasta que es insoslayable atender al problema.
El diagnóstico lo comparte toda la profesión: durante la presidencia de Cristina Kirchner se implementaron políticas que hicieron que los precios subieran casi un 200%, al tiempo que se eligió devaluar el tipo de cambio un 60%, lo que produjo un importante retraso del dólar.
El dólar se hizo barato. Esto empezaba a ser un problema claro cuando Cristina fue reelecta. Los números no cerraban y hubo que restringir importaciones, dificultar la compra de dólares y luego prohibirla, más o menos como si fuera heroína (de hecho, también se la combate con perros sabuesos).
Las consecuencias sobre la economía son las de siempre (ya las vivimos en la convertibilidad y en la tablita de la Dictadura): hace dos años que prácticamente se dejó de crear empleo (privado), aumentando la tasa de desempleo; y todo el arco exportador está “para atrás”. Sacando exportaciones de autos, a las que todavía tracciona Brasil, el resto de las exportaciones industriales está cayendo a un ritmo del 18% anual. La pregunta es qué hacer para recuperar los niveles de competitividad. Acá se abren tres opciones. La primera y más lógica es recrear en Argentina un clima favorable para la inversión y el ahorro. Con mejor seguridad jurídica y libertad para trabajar y vender, Argentina podría producir un boom de inversión y de exportaciones que sería compatible con este e incluso menores niveles para el tipo de cambio. Esta sería la apuesta de cualquier gobierno serio.
Si por el contrario se hace lo que está haciendo el Gobierno, que esespantar las inversiones con su entramado regulatorio y la falta de libertad para comerciar (medidas apropiadas si solo se tiene una Secretaría de Anti-comercio), es implausible que la competitividad pueda venir de mejoras en la productividad y la inversión. De ese callejón, la única manera de salir es devaluando.
Esta es la alternativa en la que está embreado el Gobierno y será el camino que más pronto que tarde se verá obligado por la fuerza de los hechos a implementar. Esta inevitabilidad se visualiza si se extrapolan la inflación y las tasas de devaluaciones actuales, que muestran que Cristina terminaría con un tipo de cambio más apreciado incluso que el devastador tipo de cambio de Martínez de Hoz. Inviable.
La tercera opción es paliar la falta de divisas con mayores controles y prohibiciones: límites a las tarjetas, aumentar el dólar turismo, desdoblamiento cambiario, dólar financiero, etc.
Son maneras de devaluar pero a lo K: decidiendo a quién se le da un tipo de cambio mejor y a quién uno peo r. Un esquema apto para seguir poniendo a los actores económicos de rodillas y usando al Estado para consolidar su poder.
Mientras que un gobierno lógico intentaría la primera opción, solo en emergencia la segunda y nunca la tercera, la historia del kirchnerismo nos enseña que implementará la última, se verá forzado a implementar la segunda y nunca optaría por la primera.
Es que hay un problema aun más serio. Roberto Feletti afirmó que la inflación es del 10%. Sin ver la realidad es difícil encontrar las soluciones.



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