miércoles, 5 de junio de 2013

Detrás de bambalinas del mercado laboral argentino

Datos ocultos del mercado laboral: la precariedad asoma tras los índices

Las mejoras poscrisis en la cantidad y la calidad de las ocupaciones se frenaron en 2007; 16% de los activos tienen problemas de inserción, mientras persisten los bajos ingresos y la alta informalidad

Más de 2,7 millones de argentinos, entre desocupados y subocupados, tienen problemas para su inserción en el mundo del trabajo, según estimaciones basadas en datos oficiales. Se trata de 15,9% de la fuerza laboral, un índice muy inferior al de una década atrás, de 38,1%, pero muy similar al 16,6% de hace cinco años. Desde ese entonces, la evolución de los índices del mercado de trabajo, de los que se nutre constantemente el relato oficial, entró en una etapa de estancamiento.
Entre las personas que cuentan con una ocupación, una de cada tres está en la informalidad; la mitad, en tanto, son asalariados en blanco, y de ellos, un tercio depende del Estado, una proporción que fue creciendo, ya que en los últimos años el empleo público avanzó a un ritmo que duplicó y aún más al del sector privado.
 
En materia de ingresos, uno de cada dos trabajadores gana menos de $ 3500 por mes. La contracara de ese cuadro -que hace que tener empleo no garantice no ser pobre- es que el costo laboral medido en dólares sube y afecta la competitividad y las posibilidades de generación de puestos, aun cuando el salario real, que logró crecer durante varios años, tiene para muchos una caída. Un laberinto vicioso al que se entra por la inflación.
Hay regiones del norte del país que muestran en la estadística oficial una muy baja tasa de desocupación, un indicador que a nivel nacional frenó su tendencia decreciente hace seis años y que subió en lo que va del actual. Pero en esos lugares, las "auspiciosas" tasas de desempleo van de la mano de un dato preocupante: la cantidad de puestos medida como porcentaje de la población es muy inferior al promedio nacional. De eso se desprende que la baja desocupación está ligada a la limitada oferta de puestos, y a la menor tasa de actividad en la población, en muchos casos inmersa en la pobreza.
Algunas pinceladas de la situación del mercado laboral en la Argentina dan cuenta de un escenario que mantiene varios signos de precariedad y dispara expectativas poco claras. Mientras que varios economistas señalan las luces de alerta, desde fuentes gubernamentales surgen datos contradictorios.
En la última década hubo mejoras, pero estuvieron concentradas en el período de 2003 a 2006 y fueron impulsadas, entre otros factores, por la fuerte caída del costo laboral tras la devaluación de 2002 -año en que el desempleo superó el 24%- y por la existencia, a la salida de la crisis, de una amplia capacidad ociosa en la estructura productiva, que permitió contrataciones sin necesidad de grandes inversiones.
Desde hace dos años, la presidenta Cristina Kirchner señala que a partir de 2003 se crearon cinco millones de puestos laborales. Pero estimaciones basadas en los resultados de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del Indec arrojan una diferencia de 3,8 millones de ocupados desde aquel año. Ése no es el único dato puesto bajo la lupa por los analistas, que observan cuestiones que, a simple vista, la estadística oculta.

EL DESEMPLEO

El Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) dio cuenta de un aumento del índice de desempleo, de 7,1 a 7,9% entre los primeros trimestres de 2012 y de este año. En la comparación interanual no hubo una pérdida de empleos, pero los que se crearon no pudieron compensar el mayor número de personas activas. Esto último se da por el propio crecimiento de la población y porque hubo un leve incremento, de 45,5 a 45,8% en la tasa de personas activas (trabajan o buscan trabajo y son el universo sobre el que se calcula la tasa de desocupados).
Según cálculos del economista Claudio Lozano, en la población urbana del país se crearon 120.085 puestos -son en total unos 15,9 millones-, a la vez que se sumaron 275.353 trabajadores a la vida activa. La diferencia entre esas cifras son los 155.268 nuevos desocupados.
A los 1,37 millones de personas sin empleo se suman 1,38 millones de subocupados (trabajan menos de 35 horas semanales), para completar un panorama de 2,75 millones de trabajadores con problemas de inserción.
 
Una primera alerta para la lectura de los datos podría estar en quién los provee. Con los cuestionamientos que acumula el Indec desde su intervención política, en enero de 2007, hay quienes se permiten dudar de los informes más allá del referido a la inflación. Cinthia Pok, que fue desplazada en 2007 de la dirección de la Encuesta de Hogares, dice que una forma de manipulación se da por efecto de la "degradación institucional" del organismo y dice que la EPH entra en las generales de la ley.
A diferencia del índice de inflación, en los del mercado laboral es más difícil evaluar la calidad de los datos sobre la base de la comparación con otras fuentes o de constataciones fácticas. Así lo entienden especialistas como Javier Lindenboim, director del Centro de Estudios de Población, Empleo y Desarrollo (Ceped).
En 2007 se logró el objetivo de una desocupación por debajo de 10%, pero luego el índice no avanzó en una línea descendente y quedó por arriba de las tasas históricas que había tenido la Argentina antes de la década del 90.
Si se compara el último informe del Indec con el del cuarto trimestre de 2012, resulta una destrucción de 314.090 puestos. En sentido contrario, un informe del Ministerio de Trabajo difundido el jueves pasado por la agencia de noticias Télam indica que en el trimestre creció 0,4% el empleo formal privado. Ese mismo relevamiento había mostrado en el último trimestre de 2012 una caída interanual de 1,2 por ciento.

DIFERENCIAS REGIONALES

En el mapa del país, los números del Indec muestran una región central con mayores problemas que el Norte, Cuyo o la Patagonia. Varias ciudades tienen una desocupación que supera los dos dígitos, como Córdoba, Paraná y Ushuaia.
En el Norte, los números hablan de una situación que a simple vista podría definirse como de "pleno empleo". Formosa y Resistencia tienen, según el Indec, índices de desempleo de 1,5 y 1,2%, respectivamente. Pero sus tasas de actividad, de 34,5 y 34,9%, están muy por debajo del promedio general, y es escasa la proporción de personas ocupadas (33,9 y 34,5% de la población total). El promedio nacional es de 42,2%, con su máximo en la ciudad de Buenos Aires (49,1 por ciento).
"La escasa existencia de oportunidades laborales en estas jurisdicciones genera un efecto de desánimo a la hora de buscar empleo", concluye un análisis del Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas, que conduce Lozano. Lindenboim atribuye el fenómeno a un "escaso dinamismo económico", y recuerda que hace ya muchos años que ocurre.
Las mayores tasas de actividad se registran en la ciudad de Buenos Aires y el conurbano (53 y 46,1%), donde la situación sufrió un deterioro frente a 2012, que en el caso de la ciudad respondió a una pérdida de empleos agravada por la incorporación de personas al mercado, mientras que en los partidos bonaerenses hubo creación de puestos, pero insuficiente.

COSTO Y PRODUCTIVIDAD

Tras la salida de la convertibilidad, el costo laboral unitario en dólares se derrumbó y eso permitió, en algunos sectores, un proceso de creación de cientos de miles de empleos. Diez años después, corregido por productividad, el costo laboral en dólares de la industria es un 47,9% más elevado que el de 1997, según un estudio de Ieral-Fundación Mediterránea. El índice muestra que, por cada 100 dólares de costo en aquel año, en 2002 llegaron a pagarse sólo 26, en tanto que el índice subió a 91,7 en 2008 y se eleva por estos días a 147,9. El estudio compara el salario industrial formal de la Argentina con el de Brasil, y el resultado es que el índice local supera en 33,6% al del país vecino.
En la suba del costo, claro, se incluye una mejora del salario de los trabajadores, incluso en términos reales (por arriba de la inflación). Sin embargo, cuando eso ocurre sin una correlación en un avance de la productividad (cuánto se produce por ocupado), el efecto es la pérdida de competitividad, considerada un factor clave "en el mediano y largo plazo", según el estudio de Ieral.

EL FACTOR PÚBLICO

El empleo privado posdevaluación en 2002 creció, según los datos recopilados por Ernesto Kritz, director del área de estudios laborales de Poliarquía, un 9,1% en 2003; 6,2% en 2004; 3,1% en 2005; 3,8% en 2006. A partir de aquí, baja notablemente la creación de empleo a un punto o dos máximo hasta llegar a 0,7% el año pasado. El año 2007 fue el de la intervención del Indec y el inicio de los problemas de cifras que se pueden ver incluso dentro de los organismos del Estado.
La desaceleración se compensó, según los especialistas, con la creación de empleo público. En 2012 este sector empleó a más de 3,3 millones de trabajadores. El número avanzó 46% en nueve años, superior a 26% de crecimiento que tuvo el empleo urbano total, según la Fundación de Investigaciones Económicas (FIEL). En este sentido, Juan Luis Bour, economista jefe de ese centro de estudios, explica que este año la proyección del empleo público llegará a 3,44 millones de puestos. "En 2012 creció en 133.000 empleos; en 2011, aumentó en 190.000, y el promedio 2007 a 2012 asciende a 118.000 por año." Kritz dice que "el desequilibrio fiscal marca que este modelo no es sostenible".

INFORMALIDAD Y SALARIOS

La informalidad entre los asalariados está en el centro de la problemática relacionada con el empleo. Según el dato oficial, en 2003 era de 45% y ahora es de 34%; bajó, pero sigue alta y en los últimos años casi no varió. "Es el mismo porcentaje que había a principios de los años 90", señala el especialista de Poliarquía. La fuertes regulaciones del mercado tampoco ayudan a que las empresas piensen en expandirse en tiempos de contracción económica.
El salario real tampoco trae buenas noticias. Es cierto que para quienes están dentro de convenio los aumentos en los últimos años superaron a la inflación en distintos porcentajes, de acuerdo con el sector. Esto activó el consumo, base del llamado "modelo".
 
Pero desde el año pasado y en lo que va del actual hay estancamiento en la creación de puestos. "El costo laboral supera al de 2001 -señala Pablo Guidotti, profesor plenario de la Universidad Di Tella-. Hay caída del salario real y pérdida de competitividad para las empresas; se ven ingresos erosionados por la inflación. El actual déficit fiscal y la emisión monetaria hacen que sea difícil la reactivación si no se cambia lo que se está haciendo a través de una política cambiaria razonable."
Por otro lado, María Laura Cali, directora ejecutiva de SEL Consultores, sobre la base de su Encuesta Continua sobre Gestión Competitiva de RR.HH., señala que el acumulado de ajustes salariales para personal fuera de convenio dentro de la era Kirchner es de 332% (entre 2003 y 2012). "Si tomamos el mismo período y analizamos la inflación real, utilizando como fuentes el Indec hasta 2006 y el IPC de las provincias y el que da el Congreso para 2007 hasta 2012, la inflación llega a 385%, con lo cual se genera una brecha negativa de 53 puntos", dice.
La última encuesta de Poliarquía indica que 50% de los trabajadores teme perder su trabajo. Dos tercios de los encuestados piensa que hay escasez de oportunidades de empleo. Otra encuesta, de la consultora AVC, junto a Capital Humano, da como resultado que 60% de los empleados percibe que el mercado está estancado. Se debilitan dos pilares del modelo K: la creación de empleo privado formal y el consumo.

2001-2013

Costos laborales
Tanto el Ieral como la UTDT coinciden en que los costos en dólares son más altos hoy que en 2001.

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