miércoles, 29 de enero de 2014

Es la inflación, ¡estúpida!

Es la inflación, estúpido

por Tomás Bulat, Economista



Ahora que ya quedaron en claro las nuevas medidas, pasibles de ser definidas como mucho ruido y pocas nueces, nos encontramos con que algunos argentinos (los más ricos) van a poder comprar hasta u$s 24.000 por año para atesorar, en tanto los de menores ingresos podrán adquirir hasta u$s 2.160 por año.
Es decir, señores, tal como se puede observar, una revolución macroeconómica para un país cuyo PBI es de u$s 400.000 millones. Seamos sinceros, si se puede o no comprar dólares tiene que ver la idea de descomprimir al mercado del dólar blue. Pero lo cierto es que esta posibilidad tiene, por los montos vigentes, un impacto marginal.
Es bueno que muchos argentinos que laburan legítimamente puedan ahorrar en dólares legítimamente. Es su derecho, así que en ese sentido, aunque limitada, bienvenida sea la medida.
Liquidar o no liquidar divisas, es la cuestión
El supuesto éxito de este mini plan financiero es que trata de que a $ 8 mucha gente autorizada no compre dólares, pero sí que el exportador que tiene mercadería retenida comience a venderla. Para que esto suceda, entonces, la percepción de los compradores es que el dólar a ocho debería estar caro y no comprar, mientras que para los exportadores debería estar alto y vender. Lo cierto es que pareciera que para una parte de la población que busca atesorar, el dólar a ocho pesos está barato, por lo que saldrán a comprarlo, y para los exportadores también está barato, por lo que van a esperar que valga más para vender.
Es decir el valor de ocho solo sale de la cabeza del Ministerio de Economía, pero no de la sociedad, que ya tiene en su propia cabeza un dólar, como mínimo, de 10 pesos. (Muy lejos de los 13 de los desestabilizadores de los que habla el Gobierno).
Por lo tanto, a 8 pesos, estos días solo le queda al BCRA vender reservas hasta que convenza a la gente de que el dólar es este y está bien que así lo sea. Pero cuidado porque si el verdadero problema de Argentina –que es la inflación – sigue creciendo, quedará barato cada vez más rápido.
La inflación después de la devaluación
Ahora vamos a lo importante. El dato más significativo de la macroeconomía es que el dólar oficial se devaluó un 23% en menos de un mes. Por lo tanto, todos los que importaban y los que exportaban a un dólar de 6,50 a principio de año ahora lo hacen a 8.
Esta abrupta suba del dólar oficial le metió más presión a los precios de la economía, que ya venía acelerándose. A algunos precios los impacta más directamente, tales como los bienes que tienen muchos componentes importados como ser televisores, celulares, motocicletas o autos cuya transferencia a precio será casi lineal. En estos días ya veremos oficialmente las subas.
Pero no van a ser los únicos. Pensemos que la Argentina importa y exporta por un valor de u$s 150.000 millones, es decir que casi el 35% del PBI. No es poco lo que sube de precio, entre otras cosas, porque importamos u$s 12.000 millones en energía. Esto obligará a que suban en el surtidor la nafta y el gas oil, y de ahí a todo lo que tenga que transportarse.
Es cierto que el peluquero no tiene por qué subir mucho su precio, pero lo subirá en menor proporción para cubrir su nuevo costo de traslado a la peluquería.
Por lo tanto, el problema que ahora se debe enfrentar es la inflación, madre de todos nuestros males, y que con las actuales medidas se acaba de incrementar.
Si la inflación se acelera, entonces el supuesto precio de equilibrio de 8 solo duraría un par de meses. Porque efectivamente el 8 de hoy con una inflación de 4 mensual, en dos meses ya es 8,60.
Es decir, la convergencia a ocho pesos de Jorge Capitanich tiene poca vida sin un plan antiinflacionario.
Hay que entender que si se busca que una devaluación sea competitiva, tiene que hacerse dentro del marco de un plan antiinflacionario. De lo contrario, una devaluación trae más inflación.
Una política de shock, para que tenga efecto, debe ser sorpresiva y completa. No tibia y con parches.
Tengamos algo en claro, lo que trae incertidumbre no es qué valor va a tener el dólar en el futuro, sino qué valor va a tener la nafta, la harina, los salarios y los impuestos. Si otra vez se cree que clavando el dólar a ocho la economía se ordena, es que no entendimos que el dólar es el síntoma y no la enfermedad.

El Cronista

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