lunes, 19 de octubre de 2015

La hecatombe económica bolivariana

Venezuela: el bolívar no atrae ni a los ladrones
La descomunal brecha entre el dólar oficial y el paralelo provoca situaciones absurdas


Los clientes esperan hasta tres horas para entrar en el supermercado.

CARACAS.- Es una pena para el bolívar, la moneda venezolana, nombrada así en honor al héroe de la independencia nacional: ni los ladrones la quieren.

Cuando fue interceptado por ladrones que se subieron a su auto, hace unos meses, el ingeniero Pedro Venero esperaba que lo llevaran al cajero automático para vaciar su abultada cuenta en bolívares, algo a lo que los venezolanos están acostumbrados desde hace años. Pero los ladrones, armados con rifles y granadas, estaban seguros de que Venero tenía una reserva de dólares en su casa, y no quisieron saber nada con llevarse los bolívares de su cuenta bancaria.

"De entrada nomás me dijeron que me olvidara de eso, que no les importaba", cuenta Venero.

La desesperación por desprenderse de los bolívares o directamente no aceptarlos muestra claramente hasta qué punto los venezolanos han perdido la confianza en su economía y en la capacidad de su gobierno para encontrar una salida de la crisis.

Hace un año, un dólar valía alrededor de 100 bolívares en el mercado negro. En la actualidad, se pueden conseguir hasta 700 bolívares por dólar. El FMI pronostica que la inflación venezolana alcanzará este año el 159% (aunque el presidente Nicolás Maduro afirma que será la mitad de esa cifra) y que la economía se contraerá un 10%, la peor proyección para cualquier país del mundo (aunque no hay estimaciones para Siria).


De confirmarse, sería un desastroso derrape para una nación sentada sobre las mayores reservas de petróleo del mundo, y que desde hace tiempo se considera más rica que muchos de sus vecinos.

Pero la historia real va mucho más allá de los números y revela los aspectos absurdos de la vida en un país donde el gobierno se niega desde hace meses a revelar ciertos datos básicos sobre la economía, como el índice de inflación o el PBI.

Y aunque los ingresos internacionales del país se han contraído por el derrumbe del precio del petróleo, única exportación significativa de Venezuela, y el mercado negro del dólar se ha disparado, el gobierno insiste en mantener congelada la cotización en 6,3 bolívares por dólar.

Una entrada de cine cuesta unos 380 bolívares, o sea unos 60 dólares a valores del cambio oficial, pero sólo cuesta 0,54 dólares según la cotización en el mercado negro. El salario mínimo es de 7421 bolívares, o sea unos dignos 1178 dólares mensuales, o unos miserables 10,60 dólares.

Se calcule como se calcule, ese salario no alcanza para nada. Según el Centro de Documentación y Análisis Social de la Federación de Maestros de Venezuela, la canasta básica de alimentos asciende a 50.625 bolívares en agosto de este año, más de seis veces que el salario mínimo actual y más de tres veces lo que costaba exactamente un año antes.

Una cena para dos en uno de los mejores restaurantes puede costar 30.000 bolívares, o sea unos 42,85 dólares a valores del mercado negro, o 4762 dólares a precio oficial.

La inflación es tan alta que las aseguradoras de autos han amenazado con emitir pólizas con vencimiento a seis meses, para minimizar los riesgos del imparable precio de las autopartes.

Las cruciales elecciones legislativas están previstas para diciembre, y el gobierno ha comenzado a poner a disposición de empleados públicos y seguidores suyos heladeras, aparatos de aire acondicionado y electrodomésticos a precios irrisorios. Un empleado público dijo haber comprado un LED de 48 pulgadas de fabricación china por 11.000 bolívares, apenas 15,71 dólares a precios del mercado negro.

Maduro culpa de los problemas del país a la "guerra económica" impulsada por sus enemigos internos y externos, pero la mayoría de los economistas dicen que son consecuencia de la caída del precio del petróleo y de las políticas del gobierno.

Quien necesite una batería para su auto mejor que traiga su almohada, porque tendrá que dormir frente a la puerta del autopartista: hace un par de noches, podía verse en el lugar una hilera de más de 80 vehículos.

¿Y si quiero cambiar de carrera? Bueno, ya son muchos los venezolanos que han renunciado a su trabajo para dedicarse a vender productos básicos en el mercado negro, como pañales descartables o harina, triplicando o cuadruplicando de ese modo el salario que percibían.

¿Necesitás efectivo? Está bien, pero que no sea mucho. Algunos cajeros limitan las extracciones al equivalente a 50 centavos de dólar a precios del mercado negro.

Debido a la escasez crónica de productos de primera necesidad, los supermercados y las farmacias completan sus estantes con largas filas de un mismo producto, y no es raro encontrarse con ambos lados de una góndola ocupados por paquetes de sal, de vinagre o de hisopos de algodón.

Pero de todas las cosas que faltan la más notoria es la falta de papel moneda, especialmente del billete marrón de 100 bolívares, el de mayor denominación de todo el circulante, que lleva el rostro de Simón Bolívar y que en el mercado negro vale alrededor de 0,14 dólares.

"¿Cómo entender por qué hay tanto dinero y al mismo tiempo falta dinero?", dice con una sonrisa triste la ex presidenta del Banco Central Ruth de Krivoy, y agrega que el principal problema es que el gobierno no ha logrado responder rápidamente al auge de precios emitiendo billetes de mayor denominación, como ser de 1000 o de 10.000 bolívares. Así que la gente necesita cada vez más billetes para comprar los mismos productos que hace un año.

A eso se suma que la gente debe recurrir al mercado negro para comprar los productos que antes encontraba en los negocios y, por lo tanto, las transacciones que se realizaban con tarjeta de débito o de crédito ahora se hacen en efectivo. Esa situación genera problemas de logística, ya que los bancos deben trasladar ingentes sumas de papel moneda y los cajeros automáticos se vacían a toda velocidad.

Hace unos días, el mecánico de aviones Jaime Bello fue a su banco, el estatal Banco del Tesoro, y se encontró con los tres cajeros automáticos sin dinero. Recordó una ocasión previa en la que fue a retirar 2000 bolívares y se quedó mirando cómo la máquina escupía una enorme pila de billetes de 5 bolívares, cada uno de los cuales vale menos de un centavo de dólar. Tuvo que esperar un buen rato más mientras la máquina contaba los 200 billetes restantes para completar los 2000 bolívares.

"Es una locura -dice Bello-. Vivimos una pesadilla. No hay nada que comprar y el dinero no vale nada."

La crisis también representa una oportunidad para quienes están dispuestos a hacer fila durante horas para comprar productos a precio reducido por el gobierno y luego venderlos para sacar ganancia.

"Entendí que de ese modo podía ganar más que en mi trabajo en la peluquería y renuncié", dice Geraldine Cassiani, que en febrero pasado abandonó su puesto de manicurista para hacer carrera en el mercado negro. En una reciente visita al supermercado, Cassiani compró cuatro paquetes de pañales descartables, aunque supuestamente los comerciantes no pueden vender más de dos por persona. Cassiani ya tenía un cliente "en lista de espera", dispuesto a pagar tres veces lo que ella pagó.

Maduro aparece regularmente en televisión para denunciar el mercado negro y culparlo de la escasez y de los altos precios.

"Yo sé que en parte lo que estoy haciendo está mal", dice Cassiani. Madre soltera, Cassiani argumenta que tiene que mantener a su hijo. "La necesidad tiene cara de hereje", señaló.

Traducción de Jaime Arrambide

La Nación

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