miércoles, 4 de noviembre de 2015

La pesada herencia de los inútiles

La "fiesta financiera K" de fin de ciclo
En foco


En el centro del jubileo. Presidente del Banco Central, Alejandro Vanoli, y ministro de Economía, Axel Kicillof. /MECON

Alcadio Oña - Clarín

Todo es cuestión de intereses, finalmente. Como que el martes pasado el Banco Central suba al 30% la tasa de interés de las letras –Lebac– que coloca en el mercado y, simultáneamente, el ministro de Trabajo, Carlos Tomada, pontifique: “Néstor puso la Patria sobre el mercado. Puso a los intereses del pueblo sobre los intereses concentrados que hoy quieren volver al pasado”.

Tomada habló durante un acto con dirigentes sindicales de la carne y de los vigiladores privados y habló de Néstor, pero nada cambia de fondo. El mercado de su eslogan es el mismo mercado en que el Central paga semejantes rendimientos y quienes embolsan la ganancia son, fundamentalmente, grandes operadores, bancos y empresas, con independencia del calificativo que cada cual elija ponerles.

Para que se entienda mejor: solo por los intereses de las Lebac, en 2016 habrá que desembolsar $ 120.000 millones.

Así son las cosas del mundo real. En este vale todo cabe que Axel Kicillof haya quemado las páginas de su manual básico donde se decía que el alto costo del dinero desalienta la actividad económica y las inversiones productivas. Y no las quemó ahora: las quemó hace rato.

La gran fiesta financiera del fin de ciclo sigue con los seguros de cambio del tipo escandalosos que el BCRA le sirve en bandeja al bendito mercado.

Simplificado, el sistema consiste en garantizarles a los tomadores un precio futuro del dólar oficial –a enero, febrero o marzo– con el compromiso de que en caso de una devaluación les pagará la diferencia en pesos. Y como está descontado que habrá devaluación, los jugadores apuestan sobre seguro y el Central pierde seguro.

Según un informe de la Fundación Capital, hasta septiembre la operación ya ha representado un costo de $ 33.600 millones. A la velocidad de un rayo, la cuenta siguió engrosándose en octubre y así continuará a menos que algo la frene: ese algo, como adelantó Clarín, puede ser una denuncia que elaboró Alfonso Prat Gay y fue presentada por los diputados Federico Pinedo y Mario Negri.

La causa cayó en el juzgado de Claudio Bonadio, el mismo juez que investiga a Hotesur, la empresa de la familia Kirchner. Pegada a su decisión corre una maniobra extendida a operadores amigos del poder u operadores que compran por cuenta de amigos del poder.

Dice un ex funcionario del Central, abogado para más datos: “Se justifica que en su papel de regulador el banco pueda hacer algunos malos negocios, siempre que sean transitorios, transparentes y a precios del mercado. Acá existe un único oferente y está vendiendo dólares futuro a 10,80 cuando en Nueva York el mismo producto cotiza a 14 y hasta 15 pesos. Eso pasa por arriba de la Carta Orgánica y da sustento a la denuncia”.

El responsable final es Alejandro Vanoli, aunque hay lugar para un par de directores que reportan en vivo y en directo a Kicillof. Son quienes en los hechos manejan la mesa de dinero del banco y fijan posiciones: en el mercado todo el mundo lo sabe.

Puertas adentro del Central existe cualquier cosa menos una fiesta. Cuenta el ex funcionario: “El clima es un hervidero como nunca se había visto. Desde arriba llueven presiones fortísimas sobre los subgerentes, los maltratan y a veces llegan a insultarlos, porque se niegan a avalar decisiones que ni siquiera fueron tratadas por el directorio. Temen quedar pegados a un juego en el que no tienen ni arte ni parte”.

Varias cosas más, aunque diferentes, se cruzan en ese universo.

El balotaje o, mejor dicho, que Daniel Scioli no hubiese triunfado en la primera vuelta trabó una pieza clave en la cadena que había armado Kicillof. La idea era aprovechar el resultado y reducir drásticamente la venta de dólar ahorro a partir del lunes pasado: ¿quedó para más adelante?

Dentro del mismo apurón encajan las gestiones del ministro ante el Banco Mundial y el BID. Pretende que anticipen fondos de líneas de crédito que deberían empezar a desembolsarse desde el año próximo; esto es, apropiarse de recursos del nuevo gobierno.

No es mucha plata, aunque en la urgencia todo suma: son 50 o 90 millones de dólares según los casos. Pero Kicillof enfrenta dos problema: la resistencia de los responsables de ambos organismos y, acá, la de funcionarios que se niegan a poner su firma en algo que puede comprometerlos.

El ministro, en persona, llegó a bloquear divisas del Central destinadas a pagar equipos importados por organismos de su propio gobierno. Y como la operación ya había sido autorizada y estaba cerrada, durante un tiempo los equipos no pudieron ser desembarcados. Dólares escasos, capricho de mandamás o ambas cosas juntas.

Todo tiene que ver con todo, diría Cristina Kirchner.

A las Lebac del 30% y al escándalo con los dólares a futuro se le suman alrededor de $ 100.000 millones por un paquete de bonos del Estado de corto plazo que rinden 29% o van atados al tipo de cambio oficial.

Se trata de una movida carísima cuyo objetivo, bien de patria financiera, es sacar pesos del mercado y así desalentar la compra de dólares.

Casi ni hace falta decirlo, aunque mejor no omitirlo. En la timba oficial pierde el Estado, o sea, los ciudadanos. Y ganan los especuladores, generalmente gente de espaldas anchas.

El día de los intereses en versión Tomada, el Central apretó todavía más el torniquete sobre las importaciones. Bajó el tope de las divisas que las empresas pueden comprarles a los bancos sin necesidad de consulta previa, aunque el tope no es un tope sino un blanco móvil que depende de cuánto haya disponible en la caja.

Ese mismo día las aseguradoras fueron conminadas a vender los títulos dolarizados de sus carteras, para que un aumento de la oferta haga bajar el precio a los billetes color verde que circulan en el mercado. Hay amparos judiciales en puerta, pues las compañías cubren siniestros a largo plazo y necesitan una garantía de pago sólida.

Conviven en el fin de ciclo la fiesta financiera y una presión cambiaria que come reservas escasas o que directamente va sobre las reservas escasas.

La Fundación Capital ha hecho unos cálculos que le ponen telón de fondo a todo. Dice que si se computan pagos a corto plazo y se restan los yuanes de China, los depósitos privados, los bonos trabados por Griesa y otros recursos que están de prestado, a fin de año las reservas netas del Central quedarán debajo de cero. Negativas por US$ 2.253 millones.

Nunca hubo dudas en el Gobierno sobre dónde dejar caer la factura completa ni consideración por el costo de la factura, y la prueba está a la vista. Como también están a la vista los errores y la impericia del gobierno que encarna Cristina Kirchner, empezando por Kicillof, “mi mano derecha, mi mejor asesor y asistente”.

El final abierto y los planes cambiarios que manejan en los campamentos de Scioli y de Macri le agregan pimienta a las expectativas y hacen que 23 días no sean 23 días, sino un camino largo y sinuoso.

La dupla Kicillof-Vanoli deberá transitarlo con los tanques casi vacíos, al modo como hacen las cosas: pegando volantazos, desordenadamente e improvisando a cada rato. Eso ya se sabe y también se sabe que llegar, llegarán.

El interrogante es cuáles serían los próximos capítulos de esta película, aunque queda una frase que la Presidenta usó para cerrar sus elogios al ministro: “La economía la sigo manejando yo”.

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