viernes, 15 de enero de 2016

Argentina: Exceso de demanda no implica crecimiento económico

Prohibido confundir ‘fiesta de consumo’ con crecimiento económico

El tsunami financiero global ataca ahora a Latinoamérica, afirman quienes teorizan acerca de una crisis de 3 olas, que comenzó en 2008 en USA y aún no ha terminado. Complicadísimo, de confirmarse, el futuro que llega.

Urgente 24


"(...) Que los precios de las materias primas suban no quiere decir que las economías latinoamericana vayan a estar mejor. No hay que confundir una ‘fiesta de consumo’ con genuino crecimiento económico. Predecir el futuro institucional y político es muy difícil dado que depende de las decisiones de individuos en puestos clave” (...)"
WHARTON UNIVERSIA. Han pasado casi 9 años desde que la crisis financiera estallara en Estados Unidos como consecuencia del derrumbe del mercado de las hipotecas basura o subprime. A pesar de ello, muchos economistas piensan que las consecuencias de aquella gran crisis siguen afectando hoy en día a la economía mundial, y lo seguirán haciendo en los próximos meses.

De hecho, existe una teoría que defiende que el mundo está viviendo una gran tormenta económica que se está desarrollando en 3 fases:
  • la 1ra. de ellas corresponde a la mencionada crisis financiera del país norteamericano; 
  • la 2da. se produjo en Europa, con los graves problemas de la deuda soberana de países como Grecia, Irlanda, España o Portugal;
  • la 3ra. ola se está gestando en estos momentos y atacará con fuerza a los países emergentes, entre ellos a los latinoamericanos.
 “6 años después de que la economía mundial emergiera de la recesión más amplia y profunda desde la posguerra, la vuelta a una expansión robusta y sincronizada sigue siendo incierta”, avisaba el Fondo Monetario Internacional (FMI) en su más reciente informe Perspectivas de la Economía Mundial, publicado en octubre. El organismo no duda en señalar que en estos momentos el principal foco de vulnerabilidad para el mundo se encuentra en los países emergentes, que están sufriendo con la caída de los precios de las materias primas, la desaceleración de China y la presión cambiaria. A lo que habría que sumar el probable e inminente cambio en la política monetaria estadounidense.

Una nueva forma de explicar la realidad

“Un creciente coro de voces viene fraguando el término ‘tercera ola’ (también ‘trilogía’) en torno a la hipótesis de que el fin de ciclo en las economías emergentes no es uno más en su accidentada historia, sino que se trata de la tercera reencarnación de la crisis financiera internacional que viene acechándonos desde el 2007”, explica Javier Carrillo, profesor de Economía en la Universidad de Alcalá de Madrid, en un blog de IE Business School.

La teoría de una crisis en 3 olas o fases también se ha defendido desde organismos oficiales. El economista jefe del Banco de Inglaterra, Andrew Haldane, señalaba en un discurso pronunciado el 18/09/2015 en Irlanda del Norte que lo que está sucediendo en los países emergentes es la tercera etapa de una crisis global de 3 partes. Haldane explicaba que las 3 fases comparten una causa común: el exceso de liquidez global, que ha ido rotando a través de los mercados financieros, inflando y desinflando economías. A pesar de ello, sostuvo que el 3er. estadio se encuentra todavía en situación embrionaria.

Nicolas Cachanosky, profesor en la Metropolitan State University of Denver, está de acuerdo en que es una forma de describir los efectos de la crisis que se inició en 2008. “La crisis subprime no fue una crisis nacional, sino que fue una crisis con rasgos internacionales. No me refiero con esto a la burbuja inmobiliaria, sino a las políticas monetarias que llevaron a este desenlace”, dice. De forma resumida, explica, “después del 2001 (crisis del mercado tecnológico y el 11 de septiembre), la Reserva Federal decidió iniciar una política expansiva que fue acompañada por otros bancos centrales. El desbalance financiero, entonces, es un fenómeno internacional. En Estados Unidos se manifestó principalmente en el mercado inmobiliario. En Europa el shock financiero afectó con mayor evidencia a la deuda pública de países como Italia, España, y Grecia”.

Cachanosky señala que los mercados emergentes se ven afectados por 2 cuestiones.
  • En 1er. lugar, la desaceleración de la economía, en la medida que afecte de manera negativa al precio de las commodities, afecta a aquellos países emergentes productores de estas materias primas. 
  • En 2do. lugar, una subida de tipos de interés por parte de la Fed y otros bancos centrales influye también negativamente en el flujo de capitales de los países emergentes. 
 “Los bancos centrales suelen observar mandatos sobre la situación económica doméstica, pero la política monetaria de los principales bancos centrales del mundo tiene efectos internacionales. A modo de ejemplo: las dos mayores crisis latinoamericanas de los últimos 60 años se dieron después de los dos períodos de mayor desvío de la Fed respecto a la Regla de Taylor”, argumenta.

La Regla de Taylor es una norma de política monetaria que determina cuánto debe variar el tipo de interés fijado por las autoridades en función de los cambios que se producen en la inflación y en la producción de una economía.

Por el contrario, Luis García Echeverría, profesor de Economía Internacional de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá, en Colombia, no cree en la teoría de una crisis en tres fases, “sino en problemas no resueltos en el ordenamiento económico nacional y por ende en el ordenamiento económico mundial”. En concreto, se refiere a políticas económicas de gasto no sostenibles y a las regulaciones financieras nacionales débiles (bien por legislación o bien por supervisión). Según su opinión, estos aspectos “muy posiblemente sigan generando crisis en el futuro, no al estilo de una trilogía, sino por problemas analíticamente simples de identificar pero políticamente difíciles de solucionar”.

Peter Oppenheimer, estratega jefe de renta variable global en Goldman Sachs, también defendía esta teoría en un artículo de opinión publicado en el Financial Times el 11/11, en el que señalaba que las debilidades que están presentando los países emergentes y China son una consecuencia del reequilibrio de su crecimiento económico después de que se produjera una fuerte entrada de liquidez proveniente de economías desarrolladas, más que un problema de deterioro estructural.

Sin embargo, Cachanosky cree que ambos factores han actuado conjuntamente. “No creo que sean cuestiones excluyentes. En varios países emergentes puede haber problemas estructurales en el sentido que políticas monetarias y fiscales hayan incentivado inversiones ineficientes. Por otro lado, cambios en el contexto internacional pueden llevar a un cambio en flujos de capitales y/o plazos de inversión que produzcan efectos similares a primera vista. Estos dos efectos, sin embargo, también pueden coincidir”. Y señala que así como una política monetaria doméstica puede llevar a un ineficiente uso de recursos, lo mismo puede suceder en economías emergentes cuando los principales bancos centrales del mundo aumentan la liquidez en los mercados internacionales a los que tienen acceso las economías emergentes.

“Mi impresión es que este último caso es lo que describe dificultades en las economías emergentes. Recordemos que los bancos centrales de las principales economías aplicaron fuertes políticas expansivas después de la crisis del 2008. La Fed, el Banco Central Europeo, y el Banco de Inglaterra son sólo tres de estos bancos que han aportado liquidez al sistema financiero”, añade.

Consecuencias y reacciones

García Echeverría explica que con la actual coyuntura, las finanzas públicas de los países emergentes en general y latinoamericanos en particular se resentirán, con lo que entre los gobiernos surgirán ideas de reformas tributarias con aumentos de impuestos y/o recorte de gasto para mantener el gasto público a los niveles coyunturales alcanzados durante los últimos años, pero que son insostenibles en el largo plazo.

Según su opinión, la inversión se verá frenada también, pues depende esencialmente de bienes de capital importados, más costosos por la inevitable devaluación y expectativas más moderadas. ¿Qué deberían hacer? Este profesor cree que los mercados emergentes tienen como única alternativa adaptarse a un nivel de gasto agregado menor. “No tienen muchas opciones, pues la reducción de ingresos por términos de intercambio no es reemplazable. Inevitablemente, la solución es recortar gasto”, asegura.

García Echeverría propone desde el punto de vista fiscal disminuir el gasto sin subir impuestos hasta un nivel sostenible de largo plazo. Al mismo tiempo, cree que la política monetaria debe mantener la ortodoxia para cumplir con las metas de inflación (sin intervenir en el mercado cambiario), y aplicar correctivos para acomodar el crédito a niveles compatibles con los recursos disponibles, internos y externos.

“Lo que resulte de aplicar estas medidas es lo que hay que aceptar, hasta el próximo boom económico. Lo importante es actuar en perspectiva de largo plazo y no con la miopía de un resultado de corto plazo, quizás por razones pre-electorales o por los frecuentes intereses de los políticos, a costa de la estabilidad futura”, avisa.

Cachanosky sostiene que Latinoamérica tiene que resolver varios problemas centrales. En 1er. lugar el deterioro institucional de varias de sus principales economías, como Argentina, Brasil, y Venezuela. “A largo plazo, el nivel de desarrollo de las naciones depende de un apropiado marco institucional”, afirma.

Los otros grandes problemas que según este docente deben resolver estas economías son:
  • los desequilibrios fiscales y 
  • la poca libertad económica, que frena la competitividad. 
 “Un tesoro equilibrado quiere decir que el Gobierno no necesita recurrir a los mercados financieros para financiar el déficit, evitando problemas de monetización del déficit (inflación) o de prima en las tasas de interés por riesgo de default (deuda pública creciente). Un país puede tener una economía abierta e interrelacionada al mundo, pero estas economías serán dependientes de la situación financiera internacional en la medida que persistan en tener un tesoro con déficit estructural”, argumenta.

Ante la pregunta de si Latinoamérica puede salir reforzada de esta tercera ola de la crisis financiera global, los expertos no ven clara la respuesta. Aseguran que dependerá mucho de la situación concreta de cada país y de las políticas económicas que en ellos se ejecuten. “Aquellos que traten de mantener los niveles de gasto mediante endeudamiento externo, podrían, si se exceden, estar gestando su próxima crisis y quizás la de los pobremente regulados sistemas financieros que les preste”, advierte García Echeverría.

Para Cachanosky, es difícil predecir qué países pueden salir reforzados de las actuales dificultades. “Tengo la impresión de que, más allá de las dificultades que los mercados internacionales pueden imponerle a las economías latinoamericanas, los problemas son principalmente domésticos”, dice. Y señala que Chile, por ejemplo, se encuentra en mejor situación que otros países más cerrados y con regímenes de corte más populista. “El panorama económico va a depender más de cuestiones políticas de cada país y reformas institucionales que del contexto internacional”, apunta.

Argentina y Venezuela son dos ejemplos de ello. “Ambas economías disfrutaron de los altos precios de las commodities que exportan. Ambos países se encuentran en serias crisis económicas, sociales, e institucionales. Que los precios de las materias primas suban no quiere decir que las economías latinoamericana vayan a estar mejor. No hay que confundir una ‘fiesta de consumo’ con genuino crecimiento económico. Predecir el futuro institucional y político es muy difícil dado que depende de las decisiones de individuos en puestos clave”, concluye.

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